EDITORIAL: La trata de niños y la Copa Mundial de Fútbol


Muchas veces, se nos vende la Copa Mundial de Fútbol como un acontecimiento positivo, ya que presenta una oportunidad única para la fraternización entre las naciones del mundo y permite al país anfitrión el poder presentar una imagen positiva ante el resto del mundo.

Sin embargo, mientras el Mundial se encuentra ya en pleno apogeo, están surgiendo preguntas sobre el lado más oscuro de este tipo de eventos. Una de las cuestiones que preocupan, especialmente y de igual manera, a las organizaciones de defensa de los derechos del niño, mandatarios gubernamentales y las ONG, es la trata de niños.

En este contexto el CRINMAIL de hoy quiere: generar un debate que nos permita definir con más claridad qué es la trata de niños, aclarar en qué se diferencia de otros tipos de explotación o de la migración voluntaria, preguntarse si la atención en ella puede eclipsar otras cuestiones importantes, y cuestionar el papel que ha desempeñado la política al abordar o distorsionar esta cuestión.

¿A qué nos referimos realmente al hablar de la trata de niños?

A primera vista, la trata de niños parece un caso sencillo de explotación en su forma más cruel. Sin embargo, la realidad es mucho más complicada. Durante la década de los noventa, con los gobiernos perdiendo cada vez más el control de la inmigración y de la delincuencia organizada transnacional, empezó a aumentar la preocupación por el impacto negativo de la globalización. La Convención de 2000 de la ONU contra la Delincuencia Organizada Transnacional y su protocolo “para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niños” (el Protocolo de Palermo) fue, en parte, fruto de estas preocupaciones. La práctica de la trata de personas es difícil de definir, pero según el Protocolo de Palermo se trata de:

“la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación”.

Sin embargo, muchos países parecen confundir la trata de niños con la venta de niños, prohibiendo esta primera práctica pero no la segunda. Aunque estas violaciones tienen puntos en común, no son lo mismo. Por ejemplo, un menor puede ser víctima de la trata sin ser vendido en ningún momento, ya que la trata solo requiere el traslado físico del niño y no requiere un comprador o vendedor. El Centro de Investigaciones Innocenti de UNICEF incide en que un niño puede ser vendido sin ser víctima de la trata, ya que esta venta no requiere en principio, ningún tipo de desplazamiento entre fronteras y resalta que, a diferencia de la trata de niños, la venta no siempre tiene como fin la explotación del menor.

La trata y la venta de niños son dos cuestiones distintas pero de igual importancia, y como tal tienen que ser tratadas. Y así, el artículo 35 de la Convención sobre los Derechos del Niño, y el Protocolo Facultativo relativo a la venta de niños, la prostitución infantil y la utilización de niños en la pornografía, exigen a los estados que tomen medidas para prevenir estas dos prácticas. El artículo 3 de este Protocolo especifica el tipo de prácticas que deben de ser ilegalizadas, y resalta que todos los Estados Partes deberían tomar los pasos necesarios para cumplir estos compromisos. Leer el manual del Centro Innocenti de UNICEF sobre el Protocolo Facultativo relativo a la venta de niños, la prostitución infantil y la utilización de niños en la pornografía (en inglés).

También preocupa enormemente el vínculo entre la trata de niños y otras formas de explotación. Según ECPAT Internacional, “todas las víctimas de la trata de niños, son alejados de las estructuras de apoyo que le son conocidas, como la familia o la comunidad, corriendo un serio peligro de sufrir abusos sexuales y de ser explotados”. Teniendo esto en cuenta, se ha prestado una gran atención a las cuestiones de la trata de mujeres y de niños con fines de explotación sexual. A menudo estos estudios e iniciativas se han centrado específicamente en el problema de la explotación sexual, aunque muchos también han tratado el tema de la explotación de manera más general, incluyendo el trabajo doméstico y otros tipos de labores, los matrimonios forzados o la adopción entre otros.

Las políticas de la trata

La atención al tema de la trata de niños, particularmente la que tiene fines de explotación sexual, aumenta antes de eventos deportivos como el Mundial, ya que muchos activistas encuentran preocupantes algunas de las oportunidades que un evento de este tipo puede ofrecer y, al mismo tiempo, los medios de comunicación aprovechan la oportunidad para hacer sensacionalismo con un tema. Historias personales horripilantes, que sólo pueden ser relacionadas remotamente con la trata, son descritas como “habituales” y consecuencia de un inmenso mercado negro de mujeres y niños. Cada vez que se acerca el Mundial, artículos de prensa describen el padecimiento de miles de mujeres y niños víctimas de la trata, que aparentemente van de la mano y que inundan el país anfitrión de turno, gracias a la labor de oscuras bandas criminales. Además, las cifras que se barajan no son más que meras estimaciones que terminan siendo desacreditadas al término del evento. Por ejemplo, en el Mundial de 2006, se informó extensamente que alrededor de 40.000 mujeres y niñas iban a ser introducidas ilegalmente en el país anfitrión, Alemania. Sin embargo, un informe del Consejo de la Unión Europea publicado en 2007 no encontró pruebas "en absoluto" sobre el incremento en el número de personas víctimas de la trata de personas o forzadas a ejercer la prostitución durante el campeonato.

El propio presidente sudafricano, Jacob Zuma, ha hablado sobre el riesgo de la trata de niños durante el presente Mundial. Queda todavía por ver si estos temores son también infundados y si Sudáfrica, donde hay millones de niños pobres y hambrientos, es un lugar tan diferente a Alemania. De todos modos, parece que el gran interés en esta cuestión está entorpeciendo los esfuerzos por proteger los derechos del niño, y muchos activistas han mostrado su desacuerdo por el hecho de que se hayan gastado enormes sumas de dinero en iniciativas y prioridades equivocadas. Joan van Niekerk, de Childline South Africa, comentó a CRIN: “Hemos sido totalmente inundados por miles de folletos que advierten sobre la trata, pero no se está haciendo nada a nivel de la calle para hacer frente a los factores que hacen vulnerables a los niños”. También reveló que las escuelas han sido clausuradas para reducir el riesgo de la trata, cuando sin embargo, el 70 por ciento de los niños depende de programas de alimentación escolares. “Actualmente tenemos a millones de niños hambrientos y sin ningún tipo de supervisión. Los folletos sobre la trata de personas valen para muy poco cuando se tiene el estómago vacío. Donantes internacionales que no entienden la realidad en la calle están decidiendo dónde se gasta el dinero, y el dinero hace cambiar de opinión a la gente porque tienen que pagar a sus empleados. Es hora de abrir los ojos”.

Es bien conocida la dificultad de determinar el número de personas involucradas en el negocio de la trata, en parte por las dificultades propias a la hora de evaluar una práctica ilegal y clandestina, pero también por las dificultades que conlleva definir esta práctica y diferenciarla de otras como la emigración. La ONG Asian Migrant Centre (AMC) sostiene que entender esta distinción entre trata/migración es clave para los activistas de derechos humanos. (AMC (2000) Asian Migrant Yearbook 2000: Migration Facts, Analysis and Issues in 1999. Hong Kong: Asian Migrant Centre):

“Hay que resaltar que la migración es un fenómeno general y que la trata no es más que un tipo de emigración. Es estratégicamente contraproducente centrarse en la trata cuando se analiza esta cuestión fuera del contexto de la emigración, porque: (a) la trata sitúa a la migración en un contexto de control y prevención del crimen, impidiendo de esta manera el poder hablar primero sobre los derechos de los emigrantes, y luego hablar sobre la trata en el contexto de estos derechos; y (b) la cuestión de la trata está siendo utilizada por los gobiernos como excusa para elaborar medidas más restrictivas en relación con la emigración en general”.

Este último comentario sobre “las políticas de la trata” es importante. Muchos gobiernos, que de lo contrario serían insensibles a las desdichas de los refugiados o los solicitantes de asilo, claman al cielo ante la injusticia y el horror de la trata de personas. De repente, la cuestión de los “derechos humanos” es reflejada una y otra vez en los discursos de campaña y en la retórica política. Sin embargo, estas medidas en contra de la trata y a favor de los “derechos humanos” pueden ser utilizadas por los gobiernos para adoptar posiciones más restrictivas respecto a la emigración en general. Los controles más exhaustivos en las fronteras agravan la dependencia del niño en terceros y, por lo tanto, los hace más vulnerables a las violaciones de derechos relacionadas con la emigración y la trata.

Migración y trata: dos cuestiones diferentes

Un informe de Save the Children explica que las medidas en contra de la trata pueden llegar a reducir o neutralizar los efectos positivos de la emigración. Por ejemplo, un estudio en el que participaron 1000 niños emigrantes originarios de Mali reflejó que la mayoría de estos niños habían emigrado voluntariamente y estaban “contentos” con ello, y sin embargo, las medidas en contra de la trata les impedían acceder a los beneficios que podía implicar emigrar. En el momento de las entrevistas se encontraban en Costa de Marfil, a donde habían emigrado para trabajar en las plantaciones de cacao. Los beneficios citados incluyen: “la oportunidad de experimentar la vida en las ciudades, aprender nuevos idiomas y acumular posesiones. Tanto a los niños como a las niñas esta experiencia les supuso un importante rito de iniciación a nivel cultural y financiero”. El informe también señala que “por el momento, han sido pocas las organizaciones de derechos del niño que han mostrado interés por este numeroso grupo de niños emigrantes - acompañados o no - que no pueden ser clasificados como ‘víctimas de la trata’, ‘solicitantes de asilo’ o ‘refugiados’, pero que no obstante, corren el mismo peligro de sufrir prolongadas y, muchas veces, graves violaciones de sus derechos”.

Por otra parte, la cuestión de la trata de niños ha traído consigo un rebrote de estereotipos de corte racista. Por ejemplo, la comunidad gitana en Europa es representada a menudo como víctima y autor, al mismo tiempo, de un crimen de trata de niños. Tal como señala el informe de Save the Children: “El término “trata” está siendo utilizado de una manera que dificulta el diferenciar entre lo que son actividades criminales, prácticas tradicionales o meras formas de supervivencia de comunidades que ya estaban excluidas socialmente”.

La mayoría de nosotros estamos al corriente de las terribles circunstancias en las que se ha abusado y explotado a los niños como consecuencia de la trata. En vista de esto, se debe hacer uso de todo tipo de recursos disponibles para evitar este tipo de actividades criminales y tratar de mitigar los efectos negativos que esta práctica puede producir en los niños. Pero los expertos advierten que es necesario basar cualquier tipo de programa, investigación o política, en un claro entendimiento -no contaminado por el sensacionalismo mediático o la retórica política- de la práctica de la trata, para que de esta manera sea tomada en cuenta la “realidad” en la que viven los niños. Dicho en otras palabras, se deben plantear soluciones basadas en los derechos. Muchos de los estudios no han tomado en cuenta las opiniones y experiencias de los niños, y la criminalización de las víctimas de la trata es un hecho lamentablemente generalizado. En todo caso, se debe sopesar el respeto a la voluntad y el deseo de los niños, por ejemplo, a la hora de tomar decisiones basadas en sus necesidades económicas, con el deber de proteger sus vulnerabilidades propias.

¡Tu turno! ¿Qué te ha parecido este artículo? Mándanos tu opinión.

Para más información sobre el editorial de esta semana, visita nuestra página de temas.

Información adicional 

  • La edición de este mes del Social and Economic Policy Update de UNICEF (en inglés) está centrada en los niños y la migración.

  •  Incluye los enlaces más recientes sobre recursos y eventos. Incluye también, un enlace para acceder a la nueva base de datos (http://hrcam.org/) sobre los Derechos Humanos, los Niños y la Migración, que es una recopilación de extractos de las observaciones finales de los Órganos de Tratados sobre los Derechos Humanos de la ONU, relacionados con la migración y los derechos de los niños entre 2000-2009.

 

 

Editorial: La trata de niños y la Copa Mundial de Fútbol

Muchas veces, se nos vende la Copa Mundial de Fútbol como un acontecimiento positivo, ya que presenta una oportunidad única para la fraternización entre las naciones del mundo y permite al país anfitrión el poder presentar una imagen positiva ante el resto del mundo.

Sin embargo, mientras el Mundial se encuentra ya en pleno apogeo, están surgiendo preguntas sobre el lado más oscuro de este tipo de eventos. Una de las cuestiones que preocupan, especialmente y de igual manera, a las organizaciones de defensa de los derechos del niño, mandatarios gubernamentales y las ONG, es la trata de niños.

 

En este contexto el CRINMAIL de hoy quiere: generar un debate que nos permita definir con más claridad qué es la trata de niños, aclarar en qué se diferencia de otros tipos de explotación o de la migración voluntaria, preguntarse si la atención en ella puede eclipsar otras cuestiones importantes, y cuestionar el papel que ha desempeñado la política al abordar o distorsionar esta cuestión.

 


¿A qué nos referimos realmente al hablar de la trata de niños?

 

A primera vista, la trata de niños parece un caso sencillo de explotación en su forma más cruel. Sin embargo, la realidad es mucho más complicada. Durante la década de los noventa, con los gobiernos perdiendo cada vez más el control de la inmigración y de la delincuencia organizada transnacional, empezó a aumentar la preocupación por el impacto negativo de la globalización. La Convención de 2000 de la ONU contra la Delincuencia Organizada Transnacional y su protocolo “para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niños” (el Protocolo de Palermo) fue, en parte, fruto de estas preocupaciones. La práctica de la trata de personas es difícil de definir, pero según el Protocolo de Palermo se trata de:


“la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación”.

 

Sin embargo, muchos países parecen confundir la trata de niños con la venta de niños, prohibiendo esta primera práctica pero no la segunda. Aunque estas violaciones tienen puntos en común, no son lo mismo. Por ejemplo, un menor puede ser víctima de la trata sin ser vendido en ningún momento, ya que la trata solo requiere el traslado físico del niño y no requiere un comprador o vendedor. El Centro de Investigaciones Innocenti de UNICEF incide en que un niño puede ser vendido sin ser víctima de la trata, ya que esta venta no requiere en principio, ningún tipo de desplazamiento entre fronteras y resalta que, a diferencia de la trata de niños, la venta no siempre tiene como fin la explotación del menor.

La trata y la venta de niños son dos cuestiones distintas pero de igual importancia, y como tal tienen que ser tratadas. Y así, el artículo 35 de la Convención sobre los Derechos del Niño, y el Protocolo Facultativo relativo a la venta de niños, la prostitución infantil y la utilización de niños en la pornografía, exigen a los estados que tomen medidas para prevenir estas dos prácticas. El artículo 3 de este Protocolo especifica el tipo de prácticas que deben de ser ilegalizadas, y resalta que todos los Estados Partes deberían tomar los pasos necesarios para cumplir estos compromisos. Leer el manual del Centro Innocenti de UNICEF sobre el Protocolo Facultativo relativo a la venta de niños, la prostitución infantil y la utilización de niños en la pornografía (en inglés).

También preocupa enormemente el vínculo entre la trata de niños y otras formas de explotación. Según ECPAT Internacional, “todas las víctimas de la trata de niños, son alejados de las estructuras de apoyo que le son conocidas, como la familia o la comunidad, corriendo un serio peligro de sufrir abusos sexuales y de ser explotados”. Teniendo esto en cuenta, se ha prestado una gran atención a las cuestiones de la trata de mujeres y de niños con fines de explotación sexual. A menudo estos estudios e iniciativas se han centrado específicamente en el problema de la explotación sexual, aunque muchos también han tratado el tema de la explotación de manera más general, incluyendo el trabajo doméstico y otros tipos de labores, los matrimonios forzados o la adopción entre otros.

Las políticas de la trata

La atención al tema de la trata de niños, particularmente la que tiene fines de explotación sexual, aumenta antes de eventos deportivos como el Mundial, ya que muchos activistas encuentran preocupantes algunas de las oportunidades que un evento de este tipo puede ofrecer y, al mismo tiempo, los medios de comunicación aprovechan la oportunidad para hacer sensacionalismo con un tema. Historias personales horripilantes, que sólo pueden ser relacionadas remotamente con la trata, son descritas como “habituales” y consecuencia de un inmenso mercado negro de mujeres y niños. Cada vez que se acerca el Mundial, artículos de prensa describen el padecimiento de miles de mujeres y niños víctimas de la trata, que aparentemente van de la mano y que inundan el país anfitrión de turno, gracias a la labor de oscuras bandas criminales. Además, las cifras que se barajan no son más que meras estimaciones que terminan siendo desacreditadas al término del evento. Por ejemplo, en el Mundial de 2006, se informó extensamente que alrededor de 40.000 mujeres y niñas iban a ser introducidas ilegalmente en el país anfitrión, Alemania. Sin embargo, un informe del Consejo de la Unión Europea publicado en 2007 no encontró pruebas "en absoluto" sobre el incremento en el número de personas víctimas de la trata de personas o forzadas a ejercer la prostitución durante el campeonato.

El propio presidente sudafricano, Jacob Zuma, ha hablado sobre el riesgo de la trata de niños durante el presente Mundial. Queda todavía por ver si estos temores son también infundados y si Sudáfrica, donde hay millones de niños pobres y hambrientos, es un lugar tan diferente a Alemania. De todos modos, parece que el gran interés en esta cuestión está entorpeciendo los esfuerzos por proteger los derechos del niño, y muchos activistas han mostrado su desacuerdo por el hecho de que se hayan gastado enormes sumas de dinero en iniciativas y prioridades equivocadas. Joan van Niekerk, de Childline South Africa, comentó a CRIN: “Hemos sido totalmente inundados por miles de folletos que advierten sobre la trata, pero no se está haciendo nada a nivel de la calle para hacer frente a los factores que hacen vulnerables a los niños”. También reveló que las escuelas han sido clausuradas para reducir el riesgo de la trata, cuando sin embargo, el 70 por ciento de los niños depende de programas de alimentación escolares. “Actualmente tenemos a millones de niños hambrientos y sin ningún tipo de supervisión. Los folletos sobre la trata de personas valen para muy poco cuando se tiene el estómago vacío. Donantes internacionales que no entienden la realidad en la calle están decidiendo dónde se gasta el dinero, y el dinero hace cambiar de opinión a la gente porque tienen que pagar a sus empleados. Es hora de abrir los ojos”.

Es bien conocida la dificultad de determinar el número de personas involucradas en el negocio de la trata, en parte por las dificultades propias a la hora de evaluar una práctica ilegal y clandestina, pero también por las dificultades que conlleva definir esta práctica y diferenciarla de otras como la emigración. La ONG Asian Migrant Centre (AMC) sostiene que entender esta distinción entre trata/migración es clave para los activistas de derechos humanos. (AMC (2000) Asian Migrant Yearbook 2000: Migration Facts, Analysis and Issues in 1999. Hong Kong: Asian Migrant Centre):

“Hay que resaltar que la migración es un fenómeno general y que la trata no es más que un tipo de emigración. Es estratégicamente contraproducente centrarse en la trata cuando se analiza esta cuestión fuera del contexto de la emigración, porque: (a) la trata sitúa a la migración en un contexto de control y prevención del crimen, impidiendo de esta manera el poder hablar primero sobre los derechos de los emigrantes, y luego hablar sobre la trata en el contexto de estos derechos; y (b) la cuestión de la trata está siendo utilizada por los gobiernos como excusa para elaborar medidas más restrictivas en relación con la emigración en general”.

Este último comentario sobre “las políticas de la trata” es importante. Muchos gobiernos, que de lo contrario serían insensibles a las desdichas de los refugiados o los solicitantes de asilo, claman al cielo ante la injusticia y el horror de la trata de personas. De repente, la cuestión de los “derechos humanos” es reflejada una y otra vez en los discursos de campaña y en la retórica política. Sin embargo, estas medidas en contra de la trata y a favor de los “derechos humanos” pueden ser utilizadas por los gobiernos para adoptar posiciones más restrictivas respecto a la emigración en general. Los controles más exhaustivos en las fronteras agravan la dependencia del niño en terceros y, por lo tanto, los hace más vulnerables a las violaciones de derechos relacionadas con la emigración y la trata.

Migración y trata: dos cuestiones diferentes

Un informe1 de Save the Children explica que las medidas en contra de la trata pueden llegar a reducir o neutralizar los efectos positivos de la emigración. Por ejemplo, un estudio en el que participaron 1000 niños emigrantes originarios de Mali reflejó que la mayoría de estos niños habían emigrado voluntariamente y estaban “contentos” con ello, y sin embargo, las medidas en contra de la trata les impedían acceder a los beneficios que podía implicar emigrar. En el momento de las entrevistas se encontraban en Costa de Marfil, a donde habían emigrado para trabajar en las plantaciones de cacao. Los beneficios citados incluyen: “la oportunidad de experimentar la vida en las ciudades, aprender nuevos idiomas y acumular posesiones. Tanto a los niños como a las niñas esta experiencia les supuso un importante rito de iniciación a nivel cultural y financiero”. El informe también señala que “por el momento, han sido pocas las organizaciones de derechos del niño que han mostrado interés por este numeroso grupo de niños emigrantes - acompañados o no - que no pueden ser clasificados como ‘víctimas de la trata’, ‘solicitantes de asilo’ o ‘refugiados’, pero que no obstante, corren el mismo peligro de sufrir prolongadas y, muchas veces, graves violaciones de sus derechos”.

Por otra parte, la cuestión de la trata de niños ha traído consigo un rebrote de estereotipos de corte racista. Por ejemplo, la comunidad gitana en Europa es representada a menudo como víctima y autor, al mismo tiempo, de un crimen de trata de niños. Tal como señala el informe de Save the Children: “El término “trata” está siendo utilizado de una manera que dificulta el diferenciar entre lo que son actividades criminales, prácticas tradicionales o meras formas de supervivencia de comunidades que ya estaban excluidas socialmente”.

La mayoría de nosotros estamos al corriente de las terribles circunstancias en las que se ha abusado y explotado a los niños como consecuencia de la trata. En vista de esto, se debe hacer uso de todo tipo de recursos disponibles para evitar este tipo de actividades criminales y tratar de mitigar los efectos negativos que esta práctica puede producir en los niños. Pero los expertos advierten que es necesario basar cualquier tipo de programa, investigación o política, en un claro entendimiento -no contaminado por el sensacionalismo mediático o la retórica política- de la práctica de la trata, para que de esta manera sea tomada en cuenta la “realidad” en la que viven los niños. Dicho en otras palabras, se deben plantear soluciones basadas en los derechos. Muchos de los estudios no han tomado en cuenta las opiniones y experiencias de los niños, y la criminalización de las víctimas de la trata es un hecho lamentablemente generalizado. En todo caso, se debe sopesar el respeto a la voluntad y el deseo de los niños, por ejemplo, a la hora de tomar decisiones basadas en sus necesidades económicas, con el deber de proteger sus vulnerabilidades propias.


¡Tu turno! ¿Qué te ha parecido este artículo? Mándanos tu opinión.

Para más información sobre el editorial de esta semana, visita nuestra página de temas.

Información adicional

La edición de este mes del Social and Economic Policy Update de UNICEF (en inglés) está centrada en los niños y la migración.

Incluye los enlaces más recientes sobre recursos y eventos. Incluye también, un enlace para acceder a la nueva base de datos (http://hrcam.org/) sobre los Derechos Humanos, los Niños y la Migración, que es una recopilación de extractos de las observaciones finales de los Órganos de Tratados sobre los Derechos Humanos de la ONU, relacionados con la migración y los derechos de los niños entre 2000-2009.

1 Informe en inglés.

Owner: Traducción al español: Ion Zubizarreta

Violence: 

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